A lo largo del último siglo, los seres humanos hemos alterado los ecosistemas más rápidamente y en mayor medida que en ningún otro periodo de la historia de la humanidad. Las presiones a las que venimos sometiendo a la Tierra hacen que, o bien por el agotamiento de los recursos o por la saturación de la capacidad de carga de los ecosistemas, sean pocas las zonas libres de degradación ambiental en el Planeta. Las fuerzas motrices causantes de estos impactos ambientales proceden por un lado de la creciente presión demográfica y por otro de modelos de crecimiento económico basados en la explotación de los recursos y en el uso de tecnologías que no permiten desacoplar el crecimiento económico de la presión ambiental. Sigue leyendo
El término de “humedales”, según el Convención Ramsar (1971) engloba a una gran variedad de ambientes: “las aguas de régimen natural o artificial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluyendo las extensiones de agua marina que no excedan de seis metros de profundidad durante la marea baja”.
Por tanto, también son considerados humedales los estanques para la acuicultura, las salinas para la explotación de sal, las áreas de excavación y hasta los depósitos de agua para riego o consumo.
Tal vez esta denominación sea demasiado genérica. Así, en el Plan Andaluz sobre los humedales, nos encontramos con una definición más completa, sobre aquellas aguas que queremos conservar y proteger:
“Un humedal es un ecosistema o unidad funcional de carácter predominantemente acuático, que no siendo un río, ni un lago ni el medio marino, constituye, en el espacio y en el tiempo, una anomalía hídrica positiva respecto a un entorno más seco. La confluencia jerárquica de factores climáticos e hidromorfológicos, hace que se generen condiciones recurrentes de inundación con aguas someras, permanentes, estacionales o erráticas y/o condiciones de saturación cerca o en la superficie del terreno por la presencia de aguas subterráneas, lo suficientemente importantes como para afectar a los procesos biogeofísicoquímicos del área en cuestión.” (Fuente: Junta de Andalucía).
Es importante señalar que la definición comienza describiendo el humedal como un ecosistema, con todas las implicaciones ecológicas que el término aporta, y que desde Humedales Vivos queremos ayudar a difundir, entender y disfrutar.
